¿Es la comunicación clara un nuevo derecho fundamental?
Hace unos años, mi marido me contaba una anécdota.
En ese momento trabajaba en el departamento de recursos humanos de un gran centro de investigación con miles de empleados de todo tipo, desde investigadores, que muy bien algún día pueden obtener un Nobel, hasta personas con formación básica.
Tenían que publicar un comunicado muy importante que afectaba a toda la plantilla, por lo que se esmeraron en su redacción y una vez revisado y validado decidieron que lo leyera una persona ajena, para ver cómo era recibido.
Al salir del despacho encontraron al conserje de la planta al que solicitaron su lectura. Le preguntaron: «Pepe, ¿que te parece lo que has leído?» Pepe respondió: «No me he enterado de nada, pero no se preocupen por mi: me jubilo mañana.»

Nuestro valioso idioma, el español, se ve alterado por modas, influencias externas e ideologías de todo tipo que lo modifican y lo cambian.
En muchos casos está bien, es una adaptación al momento, con sus nuevos usos y costumbres, peculiaridades y con la necesidad de alinearse y servir a las necesidades actuales de nuestra sociedad.
Pero hay otros usos menos interesantes y bastante feos que hacen pesados o incomprensibles los mensajes. En estos casos nuestro idioma pierde su principal cualidad: ser el vehículo principal de comunicación por el que nos llega la información y nos entendemos con los demás.
Desde que trabajo en comunicación, me he esforzado mucho en que mi comunicación sea clara, escueta y fácil de leer, manteniendo a ser posible, el nivel de lo escrito.
Por ello, cuando conocí el concepto Comunicación Clara, me convertí en defensora apasionada de esta manera de relacionarme con mis interlocutores, y procuro practicarla siempre.
“La Comunicación Clara significa transmitir de forma fácil, directa y transparente, simple y eficaz, información relevante para la ciudadanía por cualquiera de los diferentes canales actuales: papel, teléfonos móviles, ordenadores y otros dispositivos, y adaptada a sus peculiaridades.”
– Prodigioso Volcán 2020
La Comunicación Clara nos conviene a todos.
Y vemos sobre todo su falta en:
- El lenguaje administrativo, con párrafos imposibles de comprender y consecuencias nefastas.
- En banca tenemos muy malas experiencias recientes: la letra pequeña, y muchas veces la grande de los contratos.
- El lenguaje médico de divulgación que a veces nos preocupa sin motivo.
- Cómo hablan los políticos: desde mi punto de vista han creado un idioma e incluso una gramática y semántica, para ellos solos.
Los textos oscuros, difíciles incluso para los iniciados, la rimbombancia y las palabras huecas, las herméticas, la sintaxis rebuscada, la redundancia y ese lenguaje en espiral que solo lleva a perder el tiempo y a liar nuestras ideas.
Por ejemplo, cuando introducimos en el lenguaje palabras extranjeras innecesarias, o retorcemos hasta la ilegibilidad el texto, para parecer más ilustrados.
“Hay gente que cree que parece más profesional o más lista si no se les entiende bien. ”
– Margarita Jerez
Los textos repletos de palabras en inglés, reconozco que a mi misma me cuesta mucho no incluir expresiones cuando hablo con mis colegas y clientes, palabras del mundo del marketing y la comunicación como: target, briefing, brainstorming, call, advisor, benchmarking, b2b, database, lead, mailing, phishing, pop-up, social media, o widget, sin ir más lejos.
Sin mencionar el lenguaje inclusivo, que en su extremo llega a la ineficacia y el ridículo.

Cuando los iconos e imágenes confunden, más de lo que aclaran no están cumpliendo su función.
La tipografía, los iconos, logos, infografías, fotografías deben diseñase o elegirse con este mismo concepto. Diseño Claro.
En el mundo digital se acentúa mas si cabe la necesidad de comunicación clara. En un entorno caracterizado por la multipantalla, la multitarea, el escaso tiempo dedicado a los temas, la lectura diagonal, y la falta de concentración, es imperativo facilitar a nuestra audiencia la compresión rápida de lo que queremos trasmitir, no aburrir, y no hacer perder el tiempo o la atención.
Para el mundo empresarial es imprescindible. Nuestros “minutos de oro” en los que conseguimos conectar con nuestros cada vez más ocupados clientes, hay que aprovecharlos intensamente para ir al grano, sin divagar, cansar o aburrir.
Y en la comunicación política, administrativa, legal, bancaria etc…la comunicación clara se convierte en derecho fundamental.
Tenemos derecho a enterarnos sin problemas de las cuestiones que nos afectan.
¿Qué necesitamos para practicar la Comunicación Clara?
En primer lugar, adecuar el discurso al público al que nos dirigimos. Establecer un diálogo previo para escuchar y entender lo que este requiere.
Algunos consejos:
- Orden en la frase: sujeto, verbo, predicado.
- Eliminar todo lo que no aporta información.
- Precisión y variedad en las palabras.
- Destacar la información relevante.
- Ser concreto. No divagar.
- Brevedad y sencillez.
- Evitar la ambigüedad.
- Respetar las normas del idioma en el que se habla.
- Estructurar la información.
- Al escribir para pantallas: Textos cortos y bien maquetados.
- Utilizar imágenes autorizadas siempre.
La Comunicación Clara además denota transparencia y da confianza. Como en tantas cosas de la vida se puede aplicar que “menos es más”.
Espero que el conserje Pepe haya disfrutado de una feliz jubilación, pero me temo que ha seguido recibiendo comunicaciones oscuras y poco entendibles de su banco, de su compañía de seguros, y cuando tiene que pagar sus impuestos o sacar un billete de tren.
Que la Comunicación Clara se considere un derecho fundamental y una práctica empresarial imprescindible, nos hará mejores, más eficaces y trasparentes y facilitará la vida de las personas.

